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Cerrar ciclos, por el contrario de lo que muchas personas podrían creer, no se trata de olvidar o esforzarnos por pretender que algo (una situación, un vínculo, un proceso) no sucedió.
Cerrar un ciclo es más bien descubrir la evolución dentro de nosotr@s para poder seguir avanzando a pesar de la pérdida que nos ha tocado atravesar.

¿Qué es un ciclo y cómo saber qué es tiempo de cerrarlo?

Los ciclos no son otra cosa que procesos que comienzan, se desarrollan y concluyen. Y como es de suponer, a lo largo de nuestra vida se abren, transcurren y cierran miles de procesos.
Es precisamente debido a la certeza de que eso sucederá sin falta, que es tan importante aprender a cerrar ciclos cuando un proceso se estanca.

El estancamiento de un proceso es una señal que nos ayuda a identificar que -para evitar atascarnos y sobrepensar ese ciclo extendiéndolo más de lo que deberíamos- es tiempo de cerrarlo y seguir adelante. Si un ciclo que debería concluir -sea cual sea- permanece abierto, interfiere con el avance personal.

Un ciclo que se mantiene abierto indebidamente, se transforma en un ancla que no nos deja avanzar.

¿Qué implica cerrar un ciclo?

Debemos entender que cada ciclo que concluya, a lo largo de nuestra experiencia humana, significará un duelo. Y sí: el duelo, duele. Es por ello que se hace tan necesario que nos permitamos vivir esa tristeza que traen consigo los finales y despedirnos de esa realidad que está por desaparecer.

Cuando logramos cerrar un ciclo conscientemente (y luego del tiempo de duelo) pasa algo que antes de hacerlo sería impensado: Comenzamos a recordar con cariño en lugar de hacerlo con necesidad. Allí es cuando podemos agradecer por lo que fue sin sufrir por lo que ya no es. Cerrar un ciclo de manera consciente nos permite asimilar la pérdida como una experiencia para crecer y aprender, y no como una caída que nos hace personas más débiles.

¿Cómo puedo cerrar un ciclo?

Si reconoces que hay un ciclo en tu vida que está llevándote al estancamiento e impidiéndote avanzar, te propongo realizar un pequeño ejercicio que -si se lo permites- puede ser liberador: una carta de cierre. Como recomendación, sugiero que tomes papel y un lapiz o bolígrafo y la escribas completando con los datos necesarios para cerrar el ciclo que has identificado.

Pequeña carta para cerrar ciclos.

Hoy, yo _________ (coloca tu nombre) quiero decirte que tú ___________ (nombre de la persona implicada en el ciclo) fuiste un/a gran maestro/a en mi vida, ya que me mostraste todas mis heridas y carencias por las cuales me fui desconectando de mí mismo/a y me enganché a ti.

Te agradezco enormemente el tiempo que compartimos. Seguramente mi mente racional no comprenda todavía que fue el tiempo JUSTO y NECESARIO para mi aprendizaje, evolución y crecimiento personal, así como también para el tuyo.
Hoy quisiera liberarnos a amb@s de todo el apego que nos unía, para permitir que vengan nuevas vivencias y relaciones a nuestras vidas.

Me gustaría darte las gracias, primero, por haber estado en mi vida. Sin ti no hubiera podido tocar mis heridas, hacerlas resurgir para aprender de ellas y a través del dolor, volverme fuerte.
También agradecerte por volverme más fuerte de lo que era, por hacerme ver cuán valiente soy al dar este paso de cerrar este ciclo.
Con esta carta cierro nuestro ciclo y me abro a nuevos aprendizajes con nuevas personas.
Gracias ___________ (vuelve a colocar el nombre de la persona que liberas) por haber estado en mi vida.

Por último, firma la carta. Puedes escribir cuanto salga espontáneamente mientras copias este modelo. Cuántas más emociones salgan, mucho mejor. Una vez que hayas terminado, puedes guardar esta carta o quemarla.

“Aunque duela, muchas veces hay que cerrar puertas para que se abran nuevas” dice un dicho popular.