fbpx Skip to main content

Expectativas vs. realidad: mucho más que un meme.

Las expectativas son suposiciones acerca de lo que creemos que tendría que ser. Estas se construyen en base a lo que nos han enseñado y hemos aprendido, pero son fantasía.

No tenemos control sobre el 100% de lo que sucede, por lo que no es extraño que con frecuencia las expectativas que tenemos se alejen de la realidad. Y cuando lo que esperábamos no encaja con lo que realmente pasa, aparece en nosotros la frustración y el sufrimiento que trae con ella.

¿Qué pasa entonces si queremos evitar sentirnos frustrados y frustradas? ¿Cómo cerramos nuestra fábrica de expectativas?

Lamentablemente NO podemos hacer eso. Nuestro cerebro está programado para generar expectativas. Esperar no tenerlas es alejarnos -una vez más- de la realidad. Expectar es una habilidad inevitable.

Tener expectativas (más o menos cercanas a la realidad) es parte de ser humanos.

Tenemos expectativas de absolutamente todo: sobre nosotros mismos, sobre cómo deberíamos de comportarnos, cómo deberíamos vernos, cómo tiene que ser nuestro cuerpo, nuestra vestimenta, cómo se ve el éxito, a lo que tendríamos que aspirar… Tenemos expectativas también del mundo o de las demás personas, cómo deberían comportarse, qué deberían hacer para tener éxito o para conseguir pareja, qué modales deberían tener cuando están en un grupo, entre miles de otras. 

Si son parte de ser humanos, ¿por qué las expectativas resultan dañinas?

El problema no está en tener expectativas, y la solución no es dejar de crearlas. La clave es saber qué expectativas tener y cuáles no. 

Para empezar, mientras más específica, exacta y rígida sea una expectativa, más probabilidades hay de que genere frustración. Mientras más lejana resulte la realidad de la expectativa, mayores serán la angustia y la frustración. 

Aquí el gran error -y más común- a la hora de analizar las expectativas, EL ÚNICO Y GRAN ERROR: depositarlas en cosas que están fuera de nuestro control.

Sí. Habitualmente las expectativas que tenemos están puestas en otras personas y qué harán, o en circunstancias externas a nosotros mismos. Y allí no tenemos acción posible en la realidad que garantice que alcanzaremos lo que esperamos.

¿Cómo tener expectativas de manera sana? Venciendo la rivalidad con la realidad.

Crear expectativas sanas es un aprendizaje de los más complejos, porque implica aprender a cuestionar las expectativas que otras personas nos pusieron, desapegarnos de ellas y vivir el duelo por dejarlas atrás. 

Para actualizar los mecanismos de nuestra fábrica de expectativas, es necesario aprender la diferencia entre lo que es controlable y lo que no. Cuando tratamos de controlar lo incontrolable nos frustramos porque la posibilidad de coincidencia es azarosa e improbable. 

Técnicas para que las expectativas no se estrellen con la realidad

1- Observar qué imágenes hemos formado de las personas a nuestro alrededor.

¿De qué manera las expectativas que tenemos sobre ellas están influyendo en nuestro comportamiento y en la relación? ¿Qué expectativas tenemos de nosotros mismos en relación a ellas? ¿Están siendo dañinas o poco saludables?

Una vez identificadas, continuaremos preguntando: ¿Por qué quiero conseguir esto, es sólo por el aplauso y la felicidad de otros?¿Es un deseo de felicidad genuino? ¿Vale la pena ir detrás de esa expectativa? ¿Puedo transformarla en una expectativa más alcanzable, más real?

2- Responsabilízarse por lo que se espera. 

Tenemos que aprender a hacernos cargo y responsabilizarnos de lo que queremos. No está mal pedir lo que queremos. Al hacerlo, le estamos enseñando a las demás personas lo que queremos, y estamos dejando de depositar en otras personas la esperanza de ser satisfechos. 

3- Dejarse asombrar por la realidad.

Muchas veces por tener una expectativa rígida, perdemos de vista la realidad y lo que ella trae para nosotros. Pero al dejar ir la imagen preestablecida de lo que esperamos que suceda, hacemos lugar a descubrir que lo que está sucediendo en la realidad es increíble.

4- Modificar el tipo de expectativa.

Con esto me refiero a transformar expectativas superficiales en algo más profundo. Quitar relevancia a los detalles y enfocarnos en las emociones finales, ¿Cómo quiero sentirme?

Hay muchas formas y caminos para llegar a donde quieres llegar.

5- Cambiar el diálogo interno.

Cambiar la forma en que hablamos con nosotros mismos nos hace personas mucho más fuertes y libres. Si quieres saber más sobre cómo hablarte, te recomiendo este artículo.

6- Aprender a cambiar de rumbo.

Cuando aparecen muros enormes, tsunamis, paredes inmensas que no podemos escalar ni cruzar, un ejercicio práctico es hacer un alto, mirar alrededor y cambiar de rumbo. Hay que saber cuándo es hora de parar y tomar un nuevo rumbo, desapegarnos y comenzar de nuevo.

Aprender a vivir con expectativas más reales, menos exigentes, más cercanas a la realidad, puede ser costoso, pero nos ahorra grandes sufrimientos.

Como recomendación final, este discurso de Steve Jobs.