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En la primera parte de estas recomendaciones para construir relaciones familiares saludables, me ocupé de atender a tres de los pilares que -gestionados en un marco de respeto- nos permitirán vivir nuestros vínculos familiares de manera sana: abrazar la autenticidad, auto-satisfacer nuestras necesidades, y permitirnos cambiar nuestro sistema de creencias.

En esta segunda parte, me enfocaré en siete afirmaciones que completarán nuestra guía para navegar relaciones familiares en calma.

Primera afirmación: Tu familia no determina tu autoestima HOY.

Veamos. Los miembros de tu familia -especialmente tus padres o figuras cuidadoras- sí moldearon tu autoestima y tu sentido de merecer o no durante tu desarrollo infantil. Sin embargo, siendo adulto/a ya no es necesario que sigan siendo ellos quienes rijan cuánto valés y cuánta autoestima tenés. 

La buena noticia de esto es que, sea cual sea el valor y merecimiento que nuestra familia nos haya hecho creer que teníamos, podemos emparchar los agujeros que dejaron nuestras familias en nuestro autoestima, empezar a hacernos cargo de esas heridas, nutrirlas por nosotros mismos y sanar. Se puede.

Como adultos podemos trabajar en nuestra autoestima y merecimiento de forma personal. Esto ya no puede ofrecerlo nuestra familia, sino que tiene que venir de adentro nuestro. Es  un trabajo interno que debemos realizar con nosotros mismos, necesario para vivir en calma.

Segunda afirmación: Está bien mantener partes de tu vida privada.

No tenés por qué contar absolutamente todo lo que te sucede o lo que hacés y dejás de hacer a tu familia. Podés tener tu propio mundo interno, tu propia intimidad, y eso está bien. Podés elegir qué cosas querés mantener privadas y cuáles querés compartir. Si no estás listo/a para compartir algo, no tenés porqué hacerlo.

Tu vida, tus reglas, tus términos. Vos elegís qué compartir, qué no, en qué tiempo y con quiénes. Tenés el derecho de hacerlo.

Tercera afirmación sobre las relaciones familiares: Es importante diferenciarnos.

Si bien sos parte de un núcleo familiar, está bien diferenciarte de él en un momento de la vida. Claro que todas las personas tienen roles dentro de las familias; reglas, creencias, modos de ser y de estar. Pero llegado un punto del desarrollo es importante diferenciarse, y notar: “Yo no soy este bloque. Formo parte de esta familia, pero puedo diferenciarme de ellos. Está bien que lo haga”.

La diferenciación es un proceso natural y sano dentro del desarrollo de las personas. 

Somos seres individuales. Con necesidades particulares, con deseos particulares, valores personales, modos de pensar particulares. Y estas particularidades son válidas. Debemos escucharlas y darles entidad.

Tal como lo vimos en una de las primeras recomendaciones, formar ideas y valores propios está bien. Es parte de construir nuestro propio camino. Al hablar de diferenciarnos, esto implica que no hay nada malo en no encarnar todas las expectativas que mamá y papá querían, que nuestros hermanos, tíos, abuelos o cualquier familiar quería. 

Encargarse de SUS expectativas sobre vos, de aquello que querían que vos seas, NO ES TU PROBLEMA. Ocuparse de recoger esas expectativas es su tarea.

Cuarta afirmación: Es correcto -y necesario- establecer límites.

Aunque es muy común no saber cómo comenzar a hacerlo, aprender a poner límites es una tarea importantísima que debemos realizar en todos nuestros vínculos. 

En ocasiones cuando se habla de poner límites, algunas personas creen que es una práctica violenta que implica gritar todo, todo el tiempo y a todo el mundo. Pero no es así. Y en el otro extremo, establecer límites tampoco tiene que ver con mostrar nuestras debilidades a las demás personas para que éstas se adapten a nosotros. No.

Poner límites es una acción muy compleja -que se ensaya y aprende- que comprende en sí misma muchas cualidades humanas. Desarrollar la capacidad de establecer límites sanos, nos hará disfrutar al 100% de nuestras relaciones interpersonales.

Entre las cualidades que comprende el PONER LÍMITES SANOS se encuentran: la capacidad de auto conocernos para saber exactamente cuáles son los límites propios, el «timing» necesario para saber cuándo es oportuno recurrir a ellos, y la valentía de tenerse a uno o una misma como prioridad.

Establecer límites es algo totalmente personal, ya que es necesario tener muy claro qué es permisible y qué no lo es- y esto varía de persona a persona-.. 

Una vez que están claros los propios límites, llega lo que más le cuesta a la mayoría de las personas: la tarea de decir NO cuando corresponde. Porque está claro que un límite es un “no”, dicho explícita o implícitamente.

Si reconocés que te cuesta poner límites y querés aprender a hacerlo, visitá esta Guía completa acerca de cómo poner límites sanos.

Quinta afirmación: Las relaciones entre personas adultas son diferentes que las relaciones entre adultos/as  y niños/as

Las relaciones de adulto a adulto se caracterizan por ser relaciones de igualdad. Hay cosas que pueden ser habladas porque ambas personas corresponden a una misma jerarquía. Ahora bien, cuando se trata de un vínculo adulto/a – niño/a (como entre padres e hij@s), debemos entender que la jerarquía cambia. Ya no es horizontal. Esto NO significa que seamos adulto-céntricos al pensar que tenemos razón o que podemos hacer cosas sobre el niño o niña, sino que hay cosas de las que debe cuidarse a un niño o una niña, conversaciones a las que no deben acceder, y cosas que es mejor impedir que pueda ver u oír.

Hay ciertos límites y reglas que son necesarios, pero muchas veces sucede que nuestros padres se transforman en nuestros hijos, o nuestros hermanos y hermanas marcan las reglas para nosotros porque nuestros padres no pueden hacerse cargo de esta tarea. 

Cuando notamos que algún rol está cambiado, tenemos derecho a reclamar nuestro rol.

Estos son solo algunos ejemplos de cómo hacerlo de forma sencilla: “Me gustaría que vos ocupes este rol de tomar la decisión. Te corresponde como adulto, y no a mi que soy tu hijo/a”, o “Me gustaría que hagas esto, porque sos mi hijo. Yo soy tu mamá y lo correcto es que respetes este límite”.

Sexta afirmación para navegar relaciones familiares en calma: Podés ver a tu familia en pequeñas dosis.

Sí, podemos ver a nuestra familia cada tanto. De hecho, con las responsabilidades que trae la vida adulta es habitual reducir el tiempo que destinamos a compartir con los miembros de nuestra familia con quienes ya no convivimos. Decidir hasta dónde mantenemos contacto con la familia es un derecho. Está bien tomar distancia y verlos en pequeñas dosis, o encontrar el punto de tu comodidad.

No tenés que ser la amistad más cercana de tus familiares; menos aún si te lastimaron. Es importante tener claro que perdonar es hacer las paces con la otra persona, abandonar el conflicto, pero no implica que sea necesario construir un vínculo de cercanía, amistad e intimidad con esa persona.

Si sentís que el tiempo que estás compartiendo te hace mal, podés espaciar la cantidad de veces que ves a familiares. Podés elegir LA DISTANCIA ÓPTIMA -es decir cuán lejos o cuán cerca querés estar de tus familiares-.

Séptima afirmación: No tenés que tolerar malos tratos solo por tratarse de miembros de tu familia.

En este punto quiero romper el famoso mandato de “la familia siempre está primero”. A veces sí y otras veces no. Cuando la familia daña, hiere, insulta, menosprecia, humilla, abusa, no tiene porqué venir primero. No porque alguien sea miembro de tu familia tiene derecho a ejercer maltrato o abusar de vos y de tus límites o tus tiempos. NO. 

Si te sentís poco seguro/a, si sentís que tus relaciones familiares te dañaron, no tenés porqué seguir exponiéndote a eso. El autocuidado es tu derecho. Si están abusando de vos de manera mental, verbal, física, psicológica, o de cualquier otra, tenés derecho a alejarte y priorizarte a vos y tu salud mental.

Hasta acá fueron las diez afirmaciones que recomiendo aplicar a quien quiera tener vnculos familiares saludables en su vida adulta. 

Para terminar, quiero compartir una serie de recordatorios para personas que se reconocen en familias disfuncionales:

“No tenés por qué tolerar abusos solo porque son tu familia.”
“Podés tener una familia disfuncional y aún así crear tu propia familia sana.”
“Está bien elegir quién es tu familia hoy.”
“Es tu derecho mantenerte a salvo y cuidarte, aunque eso implique tomar distancia de tu familia.” “Tu familia NO tiene porqué ser una representación de quién sos vos.”