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En esta guía reflexionaremos sobre la SOBREPROTECCIÓN.
¿Por qué sobreprotegemos? ¿Qué causas hay detrás?
¿Qué consecuencias tiene para quien es sobreprotegid@?
¿Es necesario dejar de sobreproteger?


¡Acompañame a responder todas estas preguntas, y más!

Empecemos.

Proteger de más está basado en los miedos y carencias de las madres/padres en l@s hij@s y eso no quiere decir que tus madres/padres (o vos mism@ como tal) hayan sido mal@s, simplemente, nadie nos enseña a manejar esos procesos ansiosos y los desbordes emocionales propios de tener hij@s y criarles. Los estilos de crianza no se aprenden de la noche a la mañana, sino que más bien pasan de generación en generación. Sin embargo, con la información adecuada y este acceso a la perspectiva psicológica familiar, es más fácil desaprender y re-aprender nuevas herramientas que fomenten el cuidado sin caer en los extremos.

Protección y sobreprotección no son lo mismo. 

Redefinamos ambos conceptos, para entenderlos y diferenciarlos: La protección es un aspecto vital. La necesidad de cuidar de l@s más pequeñ@s es un instinto que garantiza la supervivencia, es conferir ese afecto enriquecedor y esas conductas con las que facilitar su desarrollo y salvaguardar su seguridad física y también emocional. La sobreprotección, en cambio, tiene un claro efecto limitante.

La sobreprotección va más allá de proteger

Sobreproteger a un hijo/a es ir más allá de cubrir y satisfacer sus necesidades y cuidados básicos.

  • Es pensar por el hijo/a.
  • Tomar decisiones por el hijo/a.
  • Solucionar todos los problemas del hijo/a.
  • Vivir por y para el hijo/a/e (Cuando el hijo es, en esencia, una persona que debe desarrollar sus propias capacidades personales si quiere funcionar correctamente en el mundo).
  • Es planificar todo un proyecto de vida en base al hijo/a únicamente, sin tener proyectos propios más que los del hij@.

Ser papá o mamá sobreprotector es estar todo el día supervisando cada movimiento de su/s hijos/as. 

Es ir detrás de ell@s para que coman el almuerzo mientras les llevan y les traen de las actividades extraescolares. Son esas personas que no permiten que sus hij@s tomen iniciativas, o que no dejan que lleven a cabo sus deseos porque (según ell@s) resulta peligroso. Cierran sus oportunidades de socializar y de disfrutar de una infancia espontánea creando un entorno extremadamente seguro, pero asfixiante y coercitivo.

¿Qué consecuencias puede tener la sobreprotección?

Tod@s los niños necesitan la protección de sus padres ante ciertos peligros que encontrarán en su vida, pero cuando esta protección se convierte en una burbuja de aislamiento hacia una gran parte de las cosas que ocurren en el exterior hablamos de sobreprotección.


La sobreprotección NO alienta a la responsabilidad, a la independencia, ni a la madurez psicológica de las personas. Tiene varias consecuencias a las que es necesario que les prestemos muuucha atención, y que son realmente TERRIBLES para el desarrollo de todo niño/a. Seguí leyendo, vamos a ver cuáles son algunas de ellas:

1- Miedos y ansiedad

Veamos… Si nos hemos pasado la vida advirtiéndoles y alarmando a nuestr@s hij@s de absolutamente todos los “peligros” que conlleva vivir en este mundo, por poco probables o insignificantes que sean, es muy común que anden por el mundo con terror a lo que pueda ocurrir. ¿No? Hace bastante sentido… Funcionamos como una ALARMA interna en l@s niñ@s que se prende a cada paso que dan.

Los miedos e inseguridades constantes tienen que ver con estos «padres/madres alarma» que han hecho que el/la niñ@ viva en una alerta constante, y claro, son adult@s que aprendieron a través de los mensajes de sus padres, que el mundo era peligroso. Por ende, anticiparán que algo malo puede pasar, por lo que para contrarrestar esta sensación y sentirse un «poco más a salvo», pondrán en marcha conductas de control para así manejar esa incertidumbre.

2- Dificultades en el aprendizaje y puesta en práctica de las habilidades sociales

Si siempre estamos anticipándole al niño/a lo que le va o no a ocurrir, si no le dejamos equivocarse para aprender y si lo hacemos todo por ell@s, estamos cortando su capacidad de aprendizaje.

Con la sobreprotección estamos impidiendo el desarrollo de habilidades tan importantes como la solución de problemas, la generación de alternativas, la empatía y la autonomía.

Teniendo en cuenta que a lo largo de su vida, su madre/padre o amb@s, no les han permitido solucionar sus propios problemas, porque ya los han solucionado ellos, aparece como consecuencia el no aprendizaje de habilidades de solución de problemas, algo necesario para toooodo, pero sobre todo, para las relaciones personales.

Esto claramente les lleva a tener habitualmente malas experiencias en el mantenimiento de vínculos. Como de amistades, por ejemplo: suelen sentir la sensación de no tener buen@s amig@s, o pueden llevarse muchas decepciones con sus vínculos, y no saber exactamente por qué. Esto lleva finalmente a disminuir la autoestima.

La primera fuente de aprendizaje significativo se da mediante la experiencia directa: El niño/a que no se cae en el parque no entiende que debe ir con cuidado si no se quiere lastimar. Es FUNDAMENTAL permitirles a las personas a que sea ELLAS MISMAS quienes resuelvan determinadas situaciones. Es esto lo que va construyendo un autoestima fuerte, con posibilidades de sentir que son personas útiles y favorecer a la imágen de que pueden, cuando crezcan.

Esto me parece algo importantísimo para reflexionar. El desarrollo de los miedos, la ansiedad y la incapacidad para tomar decisiones con mayor seguridad, se asocia también a esa falta de herramientas dadas para que afrontar y solucionar sus problemas.

¡No cortemos las alas con la sobreprotección a otr@s, mejor trabajemos con nuestros propios miedos!

3- Dificultad para tomar decisiones por sí mism@

L@s niñ@s sobreprotegidos/as suelen convertirse en personas muy dubitativas a la hora de tomar decisiones. Se sienten insegur@s sobre si van a tomar o no la decisión correcta. Se sienten inseguros sobre las consecuencias que podrá tener una determinada decisión.

Por tanto, el miedo a la repercusión hace que se demore la toma de decisión, con toda la angustia y el malestar que la indecisión implica. Esto contribuye a que su autoestima siga disminuyendo, al no verse capaces de tomar decisiones que, según observan, para otr@s pueden resultar fáciles de tomar.

Además el autoestima sigue disminuyendo porque al retrasar dichas decisiones, siguen sin ver los resultados de sus acciones, y continúan percibiéndose como personas no válidas y que no son capaces de pasar a la acción.

4- Dependencia y búsqueda de seguridad en otr@s

Como est@s niñ@s han aprendido a que l@s demás les resuelvan los problemas, y muestran muchas dificultades para tomar decisiones y pasar a la acción, tienden a depender de l@s demás, para que tomen decisiones por ell@s. Se sienten inseguros e incapaces ell@s sol@s, y necesitan que alguien les proteja, les de seguridad. Esta característica, les vuelve más propens@s a mantener relaciones con personas que no les aporten nada, solamente por el terror que provoca la sensación de quedarse «sol@». Y porque se espera que l@s demás les solucionen muchas cosas, se sienten protegid@s si están con alguien más, y desamparad@s si están sol@s.

Con el tiempo, si -como padres/madres- no les damos herramientas a nuestr@s hij@s para que puedan solucionar los problemas a los que se enfrentan en la niñez o hacemos todo por ell@s, van a comenzar a desarrollar inseguridad, lo que imposibilitará dar un paso sin la ayuda de otr@s. Así es que la sobreprotección imposibilita la autonomía personal.

Si no les enseñamos a tomar sus propias decisiones o les permitimos gestionar su propia vida, como se explicó en el punto anterior, enfrentar las consecuencias de sus propios actos o resolver sus problemas siempre será muy difícil. Y por ello, dependerán de alguien para hacerlo, ¡Porque realmente no saben hacerlo solos!

Esto a su vez, crea problemas de autoestima, ya que si percibimos que no sabemos manejarnos por la vida por nosotr@s mism@s, nuestro autoconcepto será el de una persona “inútil” que siempre necesita a otra para resolver y funcionar. Esto nos vuelve dependientes, poco autónomos.

Sentirán que no tienen las herramientas necesarias para ello, debido a que no han sido dotad@s de ellas, ya que todo era resuelto previamente. Esto generará cierta dependencia de las relaciones con familiares, amig@s o pareja. La persona acudirá a otr@s para que le ayuden a tomar decisiones, validen que lo que hace o decidan que está bien, ya que sienten que ellos sol@s no pueden.

Por más que nos cueste, tenemos que dejar que nuestr@s hij@s actúen por sí sol@s, nosotr@s como madres/padres tenemos que acompañarles en el proceso, pero debemos procurar no accionar por ell@s. Permitirles que sean ell@s quienes decidan y resuelvan, aunque esto nos genere temor.

5- Imposibilidad de regular emociones

Por lo expresado en el punto anterior, a las personas sobreprotegidas les costará muchísimo regular y calmar sus emociones por sí mism@s.

Como en las relaciones de sobreprotección se evita que la otra personase ponga triste o se enoje, no suele enseñársele registro alguno de regulación de dichas emociones cuando aparecen. Es más, generalmente se les motiva a reprimirlas.

La expresión de las emociones (que el niñ@ llore y esté triste, se enoje o grite) generan una preocupación excesiva en el cuidador, lo que hará que el/la niño/a se sienta responsable de los estados emocionales de sus progenitores y aprenderá a NO expresar dichos estados emocionales para que est@s no se preocupen, dándose también un cuidado invertido, desde el menor hacia el adulto.


6- Rendirse con facilidad

Son personas que suelen darse pronto por vencidas. Ante una dificultad que no saben de qué manera enfrentar, prefieren no enfrentar, evitarla, antes que ponerse manos a la obra y ver posibles soluciones. Ya que esto, si bien nos permite alcanzar éxitos, nos expone a posibles fracasos, y esto puede ser algo casi intolerable.

Se sienten incapaces de hacer algo y, a la vez, tienen miedo de equivocarse, por lo que muchas veces ni siquiera lo intentan, y así evitan fracasar. Claro que también evitan los grandes logros que vienen tras intentarlo.

7- Baja tolerancia a la frustración

Como sus padres/madres siempre se han asegurado de que no sufran por nada, ni se frustren cuando no consiguen lo que quieren, no han aprendido a tolerar la frustración.

 Tarde o temprano, hay que salir de la cajita de cristal que implica el vínculo con quienes nos sobreprotegen, y lo cierto es que la vida y la sociedad les hará abrir los ojos. Será entonces cuando surjan los auténticos problemas.

La filosofía era: “Antes de que te equivoques ya soluciono yo lo ocurrido”.

Debido a esta filosofía, y que no estaba permitido fallar y no se le daba nunca la oportunidad de equivocarse, esto hizo que no se desarrollen diferentes habilidades, por no haber tenido la oportunidad de enfrentarse a aquello que podía suceder. Las personas aprendemos a través de las experiencias vividas, tanto las negativas como las positivas, por lo que es necesario permitir que estas se den.

8- Bajo autoconcepto

Como he ido puntualizando, una de las consecuencias más importantes de la sobreprotección es la baja autoestima. El sentirse incapaz de hacer nada bien por ell@s mism@s.

Durante mucho tiempo, probablemente años, el niño/la niña no ha podido poner a prueba su competencia personal ni sus habilidades. Quizá haya intentado tomar sus propias decisiones y llevarlas a cabo, pero la excesiva sobreprotección paterna/materna le ha llevado a no poder ver los resultados de esa toma de decisión.

Muchas veces además, las excesivas recomendaciones de padres/madres para que tengan precaución llevan a hacer muchas críticas al hijo, lo que colaborara con este autoconcepto negativo.

Al niño/niña le falta la valoración positiva externa de sus comportamientos y decisiones. Este es un aspecto fundamental para poder desarrollar un autoconcepto y una autoestima sana: saber que puedo tomar decisiones, que está bien si me equivoco, porque que soy libre de resolver mis propios problemas.

Asimismo, cuando sobreprotegemos a estamos dándoles varios mensajes inconscientes, aunque no queramos hacerlo, como: “No sos capaz”, “No podés hacerlo”, “No podés confiar del todo en vos”.

Incluso hay progenitores que prefieren ocultar información a sus hijos por miedo a que sufran o se frustren. Lo cierto es que lo más sano es que l@s niñ@s puedan hacerse cargo de las situaciones, siempre ajustadas a sus capacidades según sus edades. Debemos enseñarles poco a poco a relacionarse con las limitaciones, las dudas, las pequeñas frustraciones del día a día para que puedan desarrollar recursos de afrontamiento. Si no lo hacemos, y les evitamos TODO malestar, en realidad en vez de ayudarles, les estamos exponiendo sin herramientas propias a situaciones difíciles que en momentos críticos puede llevar a desestructurarles.

¡Y esto es terrible!

En muchas ocasiones, padres/madres puede que se adelanten a sus hij@s porque lo saben hacer más rápido y mejor, pero aquí debemos recordar que el aprendizaje requiere paciencia y tiempo. El esfuerzo es una clave fundamental para que puedan aprender de ell@s mism@s, de cómo funciona su entorno, y por ende sentirse capaces. 

La sobreprotección durante la niñez tiene sus consecuencias más severas en la juventud y especialmente en la adolescencia, ya que es en esta edad que el niño/a se enfrenta por primera vez al mundo adulto: Se enfrenta a situaciones que debe resolver por él/ella mismo/a. Comienza a formar parte de la sociedad que le va a exigir todo lo que es capaz de dar. Pero si ha estado sobreprotegido/a desde su niñez, en su llegada a la juventud difícilmente será capaz de asumir sus responsabilidades y adoptar el rol que le corresponde. Es entonces cuando pueden aparecer los episodios de estrés, crisis de ansiedad, enfermedades físicas o mentales, etc. 

Recomendaciones para EVITAR la sobreprotección


•    Cuando l@s niñ@s piden ayuda, procuremos darles las sugerencias con las que poder solucionar el problema él/ella mism@, con sus propios recursos, sin juzgar la solución.

•    Conviene explicarle al/la niño/a las razones de nuestras acciones, para que puedan actuar por sí sol@s, aún cuando no haya adult@s apoyándoles que le indique cómo.

•    Tener paciencia. Es fundamental tomarse el tiempo necesario para permitir que el niño/a se desenvuelva solo.

•    Debemos protegerles de los peligros verdaderos, esos que pueden resultar dañinos para su salud o integridad físicas, sin llegar al extremo de convertirlos en personas temerosas


•    Es habitual que el/la niña cometa errores, pero no nos anticipemos para evitar el tropiezo. Lo mejor será siempre hacerle ver que cada vez le van saliendo mejor las cosas.


•   No les ahorremos sacrificios. L@s niñ@s pueden perfectamente colaborar en tareas domésticas como poner la mesa, hacerse su propia cama, ordenar su cuarto, sacar la basura o aprender a no dar excesiva importancia a una situación de incomodidad.


•   Si el/la niño/a es tímido, busquemos oportunidades para que salgan más de casa, o de estar rodeados de personas conocidas únicamente, para que abra más su círculo de amistades, que comparta cosas, y se sienta cómod@ con ello. Claro que siempre será sin forzar, sino únicamente dándole ideas o posibilitándole para que lo haga.


•    Frente a situaciones que puedan parecer o efectivamente ser complicadas, no evitarlas. Mejor será prepararlos a través del diálogo. Ej: «Ahora vamos a ir a casa de X, y haremos X.»

Quiero compartirles una imagen que encontré en internet hace un tiempo, y creo que puede ser de ayuda para permitir ir dejando de lado la sobreprotección.


Ahora sí, ya finalizando la nota, quiero transmitirles algo BIEN importante:

El/la niño/a necesita probar, hacer cosas por él/ella mismo/a, lograr sus propios éxitos y enfrentar los fracasos, tratar de mejorar y alcanzar objetivos difíciles, superar sus fracasos levantándose luego de caer, y entender los sentimientos de l@s demás también. Hay que prepararle para que pueda entender que en la sociedad tendrá que enfrentarse a situaciones a veces complicadas, y que deberá utilizar sus propias herramientas para resolverlas.

No evites o disfraces la realidad para evitarle sufrir, sino más bien, permitile que descubra el significado de los triunfos, de las decepciones, de los placeres y de los desconsuelos, propios y ajenos.

Evitar que l@s niñ@s sufran solucionando sus problemas no hace más que crear personas dependientes, poco resolutivas, con poca autoestima, sin habilidades sociales o interpersonales. ¡Es terrible!

La sobreprotección hace que l@s niñ@s se sientan bien y protegidos, como en una cajita de cristal, a corto plazo, pero esto es sólo un alivio temporal. Ya que a largo plazo, todos esos miedos de los padres/madres que le muestran al niño/a que el mundo es peligroso, realmente termina cumpliéndose, por su incapacidad cuando es adulto de lidiar con el mundo.

Proteger significa dejar que estos se equivoquen o sufran pero que sientan que sus padres/madres están para apoyarles. Sobreproteger les limita. Les ata. Les vuelve incapaces.

Por ello, no sobreprotejamos a nuestros hijos, protejámoslos.


Para evaluar si sos un padre/madre sobreprotector/a, haremos este pequeño test lúdico. Responde con un SI o NO a cada situación:

1- Cuando tu hij@ tiene algún conflicto con algún compañer@ o amig@, le decís lo que tiene que contestar e intervenís para defenderlo.

2- Te resistís o te negás a dejar a tu hij@ al cuidado de otras personas, aunque sean de tu confianza.

3- Cuando tu hij@ sale con amig@s o hace algún viaje, contás los minutos para que vuelva o te llame, y vivís con ansiedad hasta que regrese.

4- Seguís haciendo tareas o actividades por tu hij@ para las que él/ella está perfectamente capacitad@ o preparad@ en cuanto a madurez.

6- Te sentís responsable de todo lo que le pasa a tu hij@: las decisiones que toma, cómo afronta los problemas, cómo se comporta, etc.

7- Tenés que estar detrás de tu hij@ para que realice tareas que le corresponden a él/ella, aunque sabés perfectamente que puede hacerlas sol@.

8- Necesitás opinar sobre las decisiones que toma tu hij@.

9 – Cuando tratás de proteger a tu hij@, no podés evitar contarle todo lo malo que puede sucederle y las nefastas consecuencias que puede experimentar, si no hace lo adecuado.

9- Cuando tu hij@ no está con vos, necesitás saber con quién va a estar, dónde y cuánto tiempo. Te gusta tener todo bajo control y conocer bien a l@s amig@s, y a l@s padres/madres de l@s amig@s con los que se relaciona.

10- No tolerás que otr@ adult@ corrija a tu hij@, ya que para eso estás vos, que sos el/la únic@ que realmente le conoce bien.

11- Solés tomar decisiones por tu hij@, respondiendo vos aunque le pregunten a él, porque «Vos sabés lo que es mejor para él/ella».

12- Intentás negar, cubrir u ocultar los errores de tu hij@ a l@s demás. No soportás que tu hij@ se sienta mal por sus errores.

Resultados

MAYORÍA DE SÍ

Si contestaste que SÍ a la mayoría de las situaciones, quizás seas un padre/madre sobreprotector/a. Aquell@s que se preocupan en exceso por su hij@, siguiendo un modelo educativo hiperprotector.

Hablamos de un padre o madre que resuelve todos, o casi todos, los problemas de su hijo. Incluso los banales, evitándole todo obstáculo en su camino, estando preparado para defenderle y actuar por él en cualquier momento de dificultad, tenga la edad que tenga.

Dejame decirte algo… Esta actitud en la crianza de tu niñ@, no sólo es contraproducente para vos mism@ (Ya que terminás agotadísim@, probablemente estresad@ y en permanente estado de alerta) sino también para ese niñ@, porque:

  • Le privás de la oportunidad de equivocarse, y por ende, de tolerar en el futuro sus propios errores y los de l@s demás, y aprender de ellos.
  • Fomentás sus miedos y la percepción del mundo y de las personas como algo peligroso y hostil, de lo que tiene que desconfiar siempre. Esto les vuelve personas miedosas, poco seguras, desconfiadas, ansiosas, siempre alertas.
  • Potenciás sus inseguridades con respecto a sus propios criterios, modos de pensar, preferencias o decisiones, ya que se acostumbra a que vos decidas por él/ella. Esto les vuelve incapaces de tomar decisiones propias con seguridad.
  • Reforzás su dependencia hacia vos (y hacia l@s demás en un futuro, probablemente la dependencia alguna pareja o amigos/as, por ejemplo) y colaborás con su pérdida de autonomía. Esto hará que tenga más dificultad para valerse por sí mism@, ser autónom@, tomar la iniciativa y ser resolutivo/a.

Si, sí, sí… Seguramente estés pensando “¡Cómo puede ser! ¡¿Qué me estás diciendo?! ¡Yo lo hacía con todo el amor del mundo! ¡Pensaba que hacía lo mejor, siempre desde el amor, si yo vivo por mi hij@!”

Es muy bello y sano que le ames, que te preocupes y ocupes, que le protejas y ayudes; peeeeero (siempre hay un PERO) tené siempre en cuenta que, por mucho que te lo propongas, no podrás evitarle todas las caídas, ¡Y además tampoco es sanoque lo hagas! Ni evitar su sufrimiento, o evitarle vos resolviéndole todo que no sufra jamás.

Lamentablemente, tu hij@ deberá enfrentarse a un mundo complicado sol@. Con tu ayuda, claro, pero solo/a.

Veamos ahora qué podemos hacer entonces para liberar a nuestr@s hij@s sin sobreprotegerles…

¡¿Cómo hacemos?!

Algunas recomendaciones…

  • Relativiza sus errores. NO los dramatices, ya que en realidad son oportunidades de aprendizaje. Permitile elegir, fallar, aprender, retroceder, cambiar de opinión, equivocarse, etc. Concedele su derecho a elegir su propio camino. Claro, podés acompañarle en algunos tramos, orientarle cuando esté perdid@, pero no camines por él, ¡Y ESTO ES MUY IMPORTANTE! No le diseñes la ruta en función de tus miedos.
  • Renuncia a tenerlo todo bajo control. Controlarlo todo te dehará agotad@ y no será bueno ni para vos ni para tu hij@. Trabajá en vos: Diversifica tu atención, ¿Recordás qué otros hobbies, intereses, relaciones, etc. te motivan además de ser madre o padre?
  • Espera a que te pida ayuda. Dale un tiempo antes de intervenir. Expresale que estarás ahí para lo que necesite, pero disfruta de verle capaz, competente, resolutiv@.

¿Qué puedo hacer si soy sobreprotector/a?

La sobreprotección es un estilo educativo. Es decir, son patrones de conductas que hemos aprendido a desarrollar con nuestros hij@s a base de experiencias personales. ¡Lo cual es una buena noticia, ya que todo lo que se puede aprender, también se puede desaprender! Y nosotras te podemos ayudar en ese sentido.

Si sentís que cada vez la preocupación que sentís por tu hij@ es más y más excesiva, hasta el punto en el que está afectando tu relación con él/ella, e incluso el clima familiar y sobre todo a vos, ¡No dudes en consultarnos, podemos ayudarte!