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Todas y cada una de las emociones están en nosotr@s para llevar a cabo una función. Experimentarlas es un derecho que tenemos: Tenemos derecho a sentirnos bien, y también a sentirnos mal; a tener días buenos y días malos. Podemos sentir mucha alegría, y también mucha angustia. Mucho miedo, y también desazón. 

Las emociones son el combustible para el movimiento. Guían nuestra forma de recorrer el camino, y además, cada una tiene una razón de ser: una función. ¿Qué pasa, entonces, cuando no nos permitimos sentir las emociones o expresarlas? ¿Qué pasa si no le permitimos hacerlo a las y los niños a nuestro alrededor?

La función de las emociones es guiar nuestro movimiento.
Las emociones guían nuestro movimiento.

¿Puedo evitar la aparición de las emociones?

Las emociones aparecen en nuestra psique y cuerpo nos guste o no. Es nuestra decisión expresarlas o negarlas y/o evitarlas, pero las emociones no desaparecen. Como si se tratara de un líquido, se acumulan y quedan atascadas como pensamientos o síntomas físicos, entre tantas otras cosas.

Si no hacemos contacto con una emoción, no solo perdemos la posibilidad de experimentarla, sino que además perdemos la función que ella tenía consigo, y esto es súper importante para nuestro bienestar físico y emocional.

¿Cuál es la función de nuestras emociones?

Todas las emociones -sean placenteras o displacenteras- son necesarias y tienen una función. Cuando alguien se restringe la posibilidad de hacer contacto con una emoción, restringe junto con ello la función que esa emoción aporta.

Cuando te pierdes una emoción, pierdes también su función.
Todas las emociones son necesarias.

Veamos entonces la función principal de nuestras emociones:

1. La función del enojo: 

La función principal de esta emoción es atacar y sobrevivir a un estímulo considerado peligroso. En la práctica nos sirve para no aceptar una situación e intentar cambiarla. El enojo nos ayuda a defender el territorio, a poner límites. En la rabia del enojo hay esperanza de cambio; hay una lucha por modificar un estado.

No hacer contacto con el enojo nos priva de saber qué cosas consideramos peligrosas y sería mejor alejarnos. Desconectar del enojo nos impide poner los límites necesarios frente a todo tipo de amenazas.

2. La función de la tristeza:

Esta emoción es elemental para re-adaptarse ante la pérdida -sea esta consecuencia de un fallecimiento, una decepción, una pérdida de un objeto valioso, etc.-. Es una emoción fundamental para que nuestro cerebro procese la ausencia de eso que ya no está, y evitarla supondrá una inadaptación que mantendrá ese sentimiento latente. 

Quien se niega a sentir la tristeza ya no espera un cambio, no tiene esperanza. Es decir que la tristeza es fundamental para los procesos de duelo y pérdida.

3. La función de la alegría: 

Su función es el aumento en la actividad de un centro cerebral que se encarga de inhibir los sentimientos negativos y de aquietar los estados que generan preocupación, al mismo tiempo que aumenta el caudal de energía disponible.

No hacer contacto con ella nos impedirá proporcionarle al cuerpo un reposo, un entusiasmo y una disponibilidad para afrontar cualquier tarea, así como la consecución de una amplia variedad de objetivos.

4. La función del miedo:

La función principal de esta emoción es evaluar si nuestros recursos son suficientes para lo que la situación pide o exige de nosotr@s. El miedo evita que nos extingamos. Es una señal de alarma que nos avisa que algo no está bien y debemos actuar.

Sin conectarnos con el miedo probablemente correríamos riesgos de muy alto nivel. Porque bloquear o evitar sentir miedo nos impide hacernos conscientes de que existe algún estímulo o situación con capacidad para producir algún daño. Escaparle al miedo no nos permite poner en marcha las conductas y actividades (huida, lucha o resistencia) que estimemos oportunas.

5. La función del amor: 

Su función principal es ayudarnos a entrar en contacto con las demás personas. Es una forma de relacionarnos y crear vínculos con el exterior que mejora nuestra autoimagen. También nos hace ser más solidari@s y aumenta nuestra sensación de bienestar.

No hacer contacto con el amor nos privará de generar vínculos afectivos tanto con otras personas como con nosotr@s mism@s, tan necesarios para el bienestar.

Entonces, resumiendo:

  • Experimentar amor permite establecer vínculos.
  • Experimentar enojo hace posible sobrevivir a un estímulo peligroso. 
  • Experimentar la tristeza permite recuperarse de la pérdida.
  • Experimentar alegría hace posible brindar calma y reposo.
  • Experimentar miedo nos hace valorar peligros y protegernos de ellos con los recursos que tenemos.

Recuerda siempre que cada emoción que no te permites sentir, es una función menos con la que cuentas. No existen las emociones malas ni las buenas. Todas son igual de necesarias.

Por sobre todo, las emociones son mensajeras.

Cada emoción aparece trayéndonos un mensaje. Y precisamente por eso, lo mejor que podemos hacer es escucharlas. Aprender a entender eso que nos intentan comunicar es la clave para vivirlas. 

Entiende la función de las emociones, escúchalas y experiméntalas.
Experimenta las emociones, las placenteras y aquellas que no lo son tanto.

¿Quieres saber más sobre las emociones? Te invito a escuchar Psicología al Desnudo en Spotify, Youtube o tu plataforma de podcast favorita.

Si tienes un mal día, no te esfuerces por sonreír o estar bien. ¡Siente sin culpa!