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Si no fuera por la ansiedad, no podríamos proyectar y planificar a largo plazo; tampoco podríamos responder adecuadamente a los diferentes estímulos y circunstancias diarias de la vida; no sabríamos como ser espontáneos, o lanzarnos por algo que queremos mucho.

La ansiedad resulta ser un motor de vida, algo que nos mantiene en movimiento, con afán de avanzar siempre un poco más.

Sin embargo, sucede que a veces, en determinadas situaciones  o en algunos momentos de nuestra vida, la ansiedad se eleva a niveles que resultan no tan óptimos para nuestro funcionamiento cognitivo, físico y emocional.

Y es allí donde comienzan los problemas.

¿Cómo llegamos a  estos niveles tan elevados de ansiedad?

Puede que se nos presente una situación nueva y de manera sorpresiva, sin importar si es positiva o negativa, en la que nuestros recursos adquiridos sean obsoletos o no funcionales para tal situación.

También puede suceder que vivamos en repetición constante de eventos tensionantes que requieren una energía extra -un esfuerzo constante de adaptación de nuestra parte-. Esto también colabora de manera inmediata con la generación de altos niveles de ansiedad.

Cualquier sea la situación que genera la ansiedad, si se mantiene en el tiempo, esto provocará finalmente un agotamiento profundo que comienza a manifestarse, por ejemplo, en frases como: “Estoy estresado/a”, “Estoy fatigado/a”, “Me siento en caos conmigo”, “¡Ya no aguanto más!”, “¿Cómo salgo de aquí?”, “Estoy acelerado/a”, “¡No puedo parar!”, y que a su vez, acompañan a grandes o pequeños malestares de diversa índole: los llamados

SÍNTOMAS DE LA ANSIEDAD 

Físicos

  • Dolor de cabeza
  • Problemas gastrointestinales
  • Pesadez en los ojos
  • Fatiga
  • Calambres
  • Palpitaciones
  • Presión en el pecho
  • Alteración en el sueño: insomnio o dormir de más
  • Alteración en la alimentación: ascos repentinos o comer compulsivamente y en exceso
  • Hormigueos faciales
  • Tensión en la quijada
  • Tensión en la musculatura del cuello y de los hombros
  • Repentinos momentos de taquicardia
  • Temblor en los ojos
  • Sensación de ahogo y falta de aire

Psicológicos

  • Dificultad para dormir
  • Cambios en el apetito
  • Aceleración de pensamiento
  • Rumiación
  • Problemas de memoria
  • Pérdida de interés y motivación en las actividades diarias

Emocionales

  • Sensiblidad e irritabilidad
  • Inquietud
  • Sensación de desórden
  • Miedo intenso hacia ciertas situaciones
  • Llantos o enojos incontrolables repentinos
  • Desorientación

Relacionales

  • Intolerancia con la gente
  • Dificultad de empatizar
  • Sensación de incomodidad en reuniones sociales
  • Sensación de incomodidad en lugares cerrados
  • Miedo de salir de la casa

Laborales

  • Errores
  • Agotamiento
  • Distracción
  • Imposibilidad de focalizar la atención o de cumplir tareas

Pensamientos

  • “Algo terrible me está pasando”
  • “Debo de tener algo mal, estar enferm@”
  • “No puedo controlar lo que me pasa”
  • “Me va a dar algo, creo que me voy a morir”
  • “Si salgo de casa seguro me pasa algo en la calle y es muy peligroso”
  • “¡Nada tiene sentido!”
  • “¡Me voy a ahogar o desmayar!”

¿Has notado alguno de estos síntomas en vos?

Lo más problemático con la ansiedad, es que solemos notarla en nuestra vida, cuando hay ansiedad excesiva, en momentos de exaltación. No antes. Por ello cuando aparece, lo hace de manera explosiva, y tendremos que atravesar un camino árduo para reconocer que ella tiene una función trascendental en nuestro vivir cotidiano y que, a veces, es una maestra… Y en montos equilibrados, es «buena».

Y si aprendemos a darle ese lugar de “buena” , podremos transitar cosas maravillosas en su compañía.

Conociéndola, dándole la mano, y convirtiéndola en nuestra aliada; ya que cuando activa su poder volcánico nos está mostrando que es tiempo de pausar y volver a barajar, que quizás hay algo que es necesario cambiar; ya que es el cambio lo único seguro en nuestra vida.

Tod@s tenemos en nosotr@s esos recursos necesarios para pasar de nivel sin sufrir en el intento. Sólo que a veces se hace difícil sacarlos a la luz, sol@s, sin guías.

Ahora… ¡Vamos que el primer paso ya lo tienes: Has visto lo que va mal, has descubierto que necesitas más herramientas para cambiar esto que va mal y has tomado la decisión de ir en la búsqueda de ello para tomar de nuevo las riendas de tu ansiedad!

¡Manos a la obra! 



Nicol Domijan.