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Para sanar una herida emocional, es necesario moverse.

Si tu herida emocional es reciente, tienes que saber esto: para sanar muchas veces hay que tomar perspectiva, alejándonos de aquello que daña.

Estando en el centro del problema, paradójicamente somos como peces en el agua. En tanto es nuestra “normalidad”, probablemente no veamos que hay patrones disfuncionales, vínculos, o actitudes que nos dañan enormemente. Algo se siente incómodo, sí. Pero no tanto como para notar cuán mal está todo.

Tomar distancia, alejarse un tiempo -que no tiene por qué ser definitivo-, ayuda a ver las cosas con otros lentes, desde otro ángulos. Con mayor claridad.

Transitando el camino para sanar tus heridas

Sanar una herida emocional del pasado no es una tarea sencilla, ya que se trata de retomar experiencias que hemos vivido y fueron dolorosas. 

Sanar una herida emocional implica mirar atrás
Sanar implica mirar atras

 A veces se cree que revisar el pasado es una pérdida de tiempo y que lo importante es concentrarse en el presente, ya que muchas de las decisiones que tomamos no tienen vuelta atrás (aún no tenemos una máquina del tiempo) y, por ende, no tenemos el poder de borrar las experiencias que ya vivimos. 

Si bien este razonamiento es comprensible si pensamos en el miedo al dolor que produce recordar, con las heridas volver al pasado es un paso NECESARIO: No hay otro modo de sanar. 

Aunque no resulte placentero ni nos entusiasme la idea de volver a experimentar las emociones desagradables que atravesamos antes, la huida hacia adelante produce precisamente el efecto contrario al que se pretende lograr. Quedar atados/as al pasado. 

Mirar hacia atrás y encontrarnos con la herida emocional que tenemos es una decisión muy valiente que permite, a quien decida enfrentarla, aprender y transformar heridas pasadas que, como fantasmas, siguen condicionando su vida actual. 

De esta forma, las personas que deciden afrontar este proceso se liberan de la pesadez y vuelven a recuperar su fuerza innata para transitar la vida de una manera mucho más alegre, serena y calma. ¿Cómo sucede esto? Porque si bien es cierto que no podemos cambiar el pasado, sí podemos cambiar la visión que tenemos de esos hechos, podemos lograr que dejen de causarnos daño y, sobre todo, podemos impedir que se conviertan en obstáculos que nos impidan seguir adelante.

5 pasos para sanar una herida emocional

  1. Tomar consciencia de la vivencia que originó la herida: ¿Cuándo fue? ¿Qué pasó? ¿Puedo describir la situación?
  2. Contactar con las emociones que provoca aún la herida: ¿Cómo me hace sentir hoy? ¿Tiene impacto sobre mis emociones actuales?
  3. No evitar ni huir de la herida. ¿Estoy evitando hablar de la herida, intentando escapar? Es necesario afrontar lo que viviste y lo que hace hizo sentir.
  4. Encontrar el sentido de la herida; transformarla en aprendizaje. ¿Qué me enseñó?¿Qué me permitió aprender? ¿Quién soy hoy gracias a esa herida? ¿Qué fortaleza me dejó?
  5. Elegir perdonar y dejar ir. Si cuesta mucho perdonar ya que es una herida profunda y difícil, realiza el ejercicio del cuento llamado “La ley del espejo” que encuentras disponible en PDF aquí.

Señales de que estás sanando

Como hemos visto, sanar una herida emocional lleva tiempo y trabajo personal. A diferencia de las heridas físicas que siempre marcan un tiempo establecido para la recuperación, las emocionales suelen traer consigo la inquietud de no tener un tiempo determinado de duración, y esto genera incertidumbre. Lo emocional no se ve, no es tangible, al menos no en el sentido estricto de la palabra. 

Sanar una herida emocional es un proceso de transformación
Nadie se sana siendo la misma persona. Sanar es transformarse.

Si estás transitando ese proceso en tu vida, aquí hay algunas señales que deberías identificar en ti, e indican que vas en la dirección correcta.

  1. Cuando piensas en  esa situación o persona ya no provoca tanto dolor como antes.
  2. Puedes hablar de la herida sin que genere una emocionalidad intensa, sino más bien entendiendo qué te enseñó.
  3. Quieres perdonar lo que dolió. Te sientes list@ para soltarlo por tu propia calma y tranquilidad.
  4. Ya no sientes tanto enojo ni deseos de vengarte de esa persona o situacion.
  5. Ya no sientes culpa por la situación. 
  6. Te animas a mostrar lo que sientes, ya no te cuesta tanto que otros lo vean.

Recuerda que nadie se sana siendo la misma persona, sanar implica un viaje de transformación.