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¿Qué es esto de soltar, que parece estar tan “de moda” en los últimos años? Veamos… 

El muy conocido soltar de hoy, tiene que ver con la tan conocida y ancestral noción del desapego, del que hablaban los textos budistas en oriente, hace miles de años. Y en tanto tiene que ver con el desapego, SOLTAR es un proceso. No es un acto automático. No es sencillamente un acto de encogernos de hombros, decir “Solté” y ¡Chan! Sucede. NO. Y para explicarlo voy a tomar la metáfora de Virginia Gawel, psicoanalista transpersonal, de “destejer y retejer” el cerebro. Virginia toma de la Psicología de Oriente y de las neurociencias la noción del desapego. Explica la autora que cuando me dispongo a “soltar” un vínculo que terminó, un/a hijo/a que creció y debe emanciparse, un rol que ya no voy a cumplir (ya no seré más docente, no seré más pareja de…), un objeto que he perdido, una edad que me resisto a dejar, ese “soltar” también tiene una expresión en el reino de la materia (es decir, en el cerebro). 

Con lo cual, para que esa posibilidad de desapegarse vaya siendo efectiva, el cerebro necesitará “destejerse” para “retejerse” de una nueva manera. Esto sucede gracias a la neuroplasticidad (es decir, la cualidad que hace que el cerebro se modifique permanentemente, según las experiencias que un@ va viviendo. Descubrimiento reciente de las neurociencias).

Es decir que una separación o la muerte de una persona querida implicarán que haya que destejer conexiones neuronales largamente sostenidas en el tiempo, hasta que podamos concebir que esa persona ya no está en nuestra cotidianeidad, o que esa persona tiene otra vida, o que ya no es la que conocimos (o bien que ya no está más en este plano, en el caso de una muerte). El proceso de duelo nunca es automático, no sólo por razones psicológicas, sino también neurológicas. No sólo nuestra psiquis tarda en procesar la ausencia, sino que también el cerebro tiene sus tiempos para “retejerse” de una nueva manera.

De modo que “soltar” sí es posible, pero la mayor parte de las veces no se trata de un acto, sino de un proceso.

Sin embargo, no está nada mal tener ya de por sí la intención. Esa intención es la de un cambio de actitud. Darnos tiempo para que esa actitud se “teja”, “destejiéndose” la anterior, es respetar los tiempos en que nuestro organismo psicofísico puede resolver los temas tan arduos que ser un humano implica.

Mientras nos destejemos, a veces experimentamos un gran alivio de ir generando libertad. Pero otras veces (según de qué se trate), duele. Duele muchísimo.

La buena noticia es que tod@s podemos retejernos. Aún personas que han vivido las condiciones más atroces, los duelos más radicales. 

El desapego, que va casi en contra del espíritu humano -ya que para la supervivencia necesitamos apegarnos-, es un camino que debe ser APRENDIDO. No nos sale natural. Lo natural, generalmente, es aferrarnos. A soltar debemos aprender. Podemos apegarnos a todo: a nuestras familias, a una pareja, a amig@s, a un rol, a una profesión, a emociones, a creencias, a objetos, y a casi todo. Somos expert@s en apegarnos.

El DESAPEGO es la capacidad de dejar ir. De dejar el control, para que la vida y el universo sigan su curso libremente. Es la capacidad de fluir con la realidad en lugar de ir a contracorriente. Es saber aceptar las cosas que no podés cambiar, y dejarlas ir, confiando en que algo mejor está por venir (Mejor para tu evolución, que no siempre es mejor para tu consciencia, ¿no?).

Pasos para comenzar a practicar el desapego

1. Entender que sos responsable de vos mism@

Cada un@ es artífice de su propia existencia. Nuestras emociones dependen plenamente de nosotr@s, esto nos permite cambiar o quedarnos como estamos. Poner en el bolsillo de l@s demás tu propia felicidad te traerá sufrimiento. “No concibas la idea de que para ser feliz en esta vida, es esencial encontrar una pareja que te ame, o tener siempre el reconocimiento de tu familia. La soledad a veces es la mejor compañía para favorecer nuestra autorrealización”. Cultivá tu propia felicidad, elegí por vos mism@ y no permitas que tu plenitud dependa de opiniones ajenas. Nosotr@s somos NUESTRA responsabilidad.

2. Viví el presente, aceptando la realidad del mundo en el que vivís que es CAMBIANTE

Sí, aunque preferirías que todo permanezca estático, vivimos en un mundo en el que lo ÚNICO constante es el cambio. O aprendes a fluir con él, o vas a sufrir mucho. Buscá tu propia libertad y permitile ser libres a l@s demás. Buscá gente que te potencie, que te ayude a ser tu mejor versión, y hacé lo mismo con l@s demás. Practicar el despego no es cortar vínculos, ni entablar relaciones marcadas por la frialdad emocional. ¡Todo lo contrario! Practicarlo implica amar de forma auténtica y respetuosa. Es saber dar y permitirnos recibir sin presiones, sin necesidades ciegas, sin ansiedades o con el eterno miedo a ser abandonad@s, a que esa otra persona se va a ir. Es PREFERIR sin necesitar a ese otr@. Es entender que podemos vivir sin ese otr@, y así y todo, elegimos que esté en nuestra vida, porque nos hace bien, porque nos suma.

3. Asumí que las pérdidas van a suceder tarde o temprano.

La ley de la IMPERMANENCIA del Budismo nos enseña que en esta vida nada perdura, nada puede contenerse eternamente. Las relaciones e incluso las cosas materiales, cambian, maduran, y muchas veces incluso terminan desvaneciéndose. Algunas personas se irán para siempre, l@s niñ@s crecerán, algun@s amig@ se alejarán, y algunos amores se irán. Sin embargo, muchas más cosas llegarán. Pero para que se abran nuevas puertas, a veces hay que cerrar viejas. Porque la vida es cambio, pero también movimiento, y todo esto forma parte del desapego.

Recordá que, si el proceso de soltar te resulta demasiado complicado y sentís que no podés sol@, es necesario pedir ayuda: siempre hay quien tiene la aptitud apropiada para acompañar en esa inmensa tarea que es desapegarse de lo transitorio.

¿Estás list@ para soltar?

Con amor,

Marina.

@psi.mammoliti