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Existen una serie de distorsiones cognitivas que fortalecen el apego afectivo desmedido. Es por eso que el primer paso para soltar un vínculo que no contribuye a nuestro bienestar es cuestionar la percepción de la relación, la cual se encuentra colmada de distorsiones y autoengaños. 

Las distorsiones cognitivas son maneras erróneas que tenemos de procesar la información. Es decir, modos de analizar la información de nuestro alrededor, que genera consecuencias desagradables en nosotr@s. 

El miedo a perder la fuente de seguridad y/o bienestar mantiene a muchas personas atadas a una forma de tortura pseudoamorosa, de consecuencias fatales para su salud mental y física. Con el tiempo, estar mal se convierte en costumbre. Es como si todo el sistema psicológico se adormeciera y comenzara a trabajar al servicio de la adicción, fortaleciéndola y evitando enfrentarla por todos los medios posibles.

Es que ver la relación sin distorsiones implica recurrir al realismo afectivo. Esto significa percibir de manera directa y objetiva el tipo de intercambio que estamos sosteniendo con la persona supuestamente amada. 

El realismo afectivo sugiere que debemos partir de lo que verdaderamente es nuestra vida amorosa, y no de lo que nos gustaría que fuera.Si logramos comprender la relación cómo es en el aquí y ahora, sin pretextos ni evasivas, podremos tomar las decisiones acertadas y generar soluciones.

Para poder hacerlo, es preciso identificar cuáles son las distorsiones cognitivas que comúnmente impiden alcanzar esa posición realista, y que como consecuencia fortalecen irracionalmente la conducta del apego

Distorsiones cognitivas que fortalecen el apego afectivo desmedido.

1. Excusar o justificar el poco o nulo amor recibido.

Es duro aceptar que no nos quieren en la medida que deseamos. Cuando la persona que amamos nos quiere a medias, con limitaciones y dudas, la sensación que queda es la que sentimos cuando nos están haciendo un favor.

Nuestros pensamientos son el lugar donde comienza aquello que se amnifiesta en nuestras relaciones.

Algunos pensamientos habituales alrededor de esta distorsión son: “Me quiere pero no se da cuenta”, “Los problemas que tiene le impiden amarme”, “Esa es su manera de amar”, “Me quiere, pero tiene impedimentos externos”, y la lista continúa.

2. Minimizar los defectos de la pareja o la relación.

Las personas apegadas tienden a reducir los defectos de su pareja al mínimo. Cuando la minimización se exagera, se convierte en negación de la conducta o situación problemática. El apego tiene la peligrosa propiedad de amplificar las virtudes y empequeñecer las deficiencias. Todo el sistema se coloca al servicio del autoengaño.

Son comunes pensamientos como: “Nadie es perfecto”, “Hay parejas peores”, “No es tan grave”, “No recuerdo que haya habido nada malo”, etcétera.

3. Persistir tozudamente en recuperar un amor perdido.

Se trata de una distorsión que impide resignarse a la pérdida: En determinadas circunstancias, aprender a perder y retirarse oportunamente puede ser la mejor elección. Cuando la perseverancia se convierte en obstinación, es allí donde la virtud cede paso a la inmadurez.

¿Cómo reconocemos esta distorsión? Incluye pensamientos tales como: “Intentaré nuevas estrategias de seducción”, “Dios me va a ayudar”, “Mi amor y comprensión le cambiarán”. 

4. Alejarse, pero no del todo.

Las personas apegadas no quieren perder ningún beneficio. No importa qué tan enfermiza sea la relación, lo fundamental es conservar a la persona amada, así sea de a pedazos. El miedo a quedarse sin afecto lleva a establecer m metas incompletas, postergaciones y e incluso buscar remedios que son peores que la enfermedad.

Algunos pensamientos alrededor de esta distorsión son: “Voy a dejarl@ de apoco”, “Solo seremos amig@s”, “Solo seremos amantes”.

¿Qué podemos hacer frente a estas distorsiones que fortalecen el apego desmedido? La respuesta es mirar. Atreverse a realizar una autoobservación franca, asertiva y algo cruda, pero necesaria para sanar el vínculo, o terminarlo si hace falta. 

¿Cómo empezar? Intenta esto: Quédate quiet@ y mira la realidad afectiva en la que te encuentras inmers@. Si logras observar las cosas como son, dejando los sesgos y las mentiras a un lado, tus esquemas irracionales comenzarán a tambalear.

Aunque te duela el alma y tu organismo entre en crisis, no hay otro camino. 

“No importa qué tipo de vínculo tengas, si realmente quieres liberarte de esa relación que no te deja ser feliz, puedes hacerlo. No es imposible. Está lleno de personas que lograron saltar al otro lado y escapar. Hay que empezar por cambiar las viejas costumbres adictivas y limpiar tu manera de procesar la información. Si aprendes a ser realista en el amor, si te autorrespetas y desarrollas autocontrol, habrás empezado a gestar tu propia revolución afectiva”.