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¿Cuándo se invierten los roles en una familia? ¿Cómo podemos identificar si hemos sido “niños/as padres”

Durante nuestra infancia, sentimos mayor seguridad cuando nuestros cuidadores (padres, madres, u otros) están bien. Aunque el estado emocional de las y los adultos que nos rodean no es nuestra responsabilidad, a veces tratamos de hacer cosas para que se encuentren bien. 

Cuando esto sucede, y nos transformamos en cuidadores de nuestros cuidadores, comenzamos a llevar una carga que muchas veces continúa sobre nosotr@s en nuestra vida adulta, y de la que vemos luego sus consecuencias en nuestras relaciones de todo tipo. Esto es más común de lo que la mayoría cree, y tiene un nombre: PARENTALIZACIÓN.

¿Qué es la parentalización?

La parentificación o parentalización es un término que hace referencia a la inversión de los roles entre padres e hijos. El psiquiatra Ivan Boszormenyi-Nagyla lo define como un proceso por medio del cual el/la niñ@ se convierte en el padre de su padre, o la madre de su madre. Durante el proceso de parentificación, el niño acaba asumiendo una responsabilidad mayor de lo que corresponde a su edad y madurez.

Esto suele ocurrir en familias en las que no están bien definidas las funciones de sus miembros, los horarios, donde no se potencia el alcanzar metas y el afrontar los diferentes retos a los que uno se ha de enfrentar a lo largo de la vida. 

Al cumplir el rol de cuidadores, se ven privad@s de practicar actividades normales asociadas a su edad. Esto repercute directamente en el desarrollo personal de l@s niñ@s que forman parte de esa familia -desarrollo que se ve limitado-.

Cuando se produce la parentalización, el/la niñ@ se convierte en el padre de su padre, o la madre de su madre.

Existen dos grandes tipos de parentalización:

  1. Parentalización psicológica: En estos casos, el niño o niña actúa como confidente o cuidador de su o sus cuidadores. Escucha sus problemas y pesares, les calma, consuela y aconseja. 

Cuando se generan este tipo de vínculos entre figuras cuidadoras y niñ@s, estos reciben información que no es adecuada a su edad o les coloca en una posición de identificar “lados” y posicionarse a favor de uno y en contra de otro.

La parentalización psicológica se desarrolla con más frecuencia cuando los padres son más vulnerables (sea que padezcan una enfermedad, se encuentren atravesando un duelo, estén inmers@s en una adicción, etc.).

  1. Parentalización física: En este tipo de parentalización se le dan o permiten al niño o  niña tareas que se encuentran muy por encima de sus capacidades físicas y/o psicológicas, asignando a estos responsabilidades que corresponden a los adultos, y recibiendo consecuencias que tendría un/a adult@ si no cumpliera con dichas tareas. 

Efectos de la parentalización:

Este tipo de relación intrafamiliar es altamente perjudicial. L@s niñ@s parentalizados renuncian a su condición de niñ@s, y aun en su vida adulta muestran dificultades en la toma de decisiones y la expresión de sus necesidades.

Un niño o niña parentalizad@ puede acabar siendo:

  1. Incapaz de confiar en los demás
  2. Partícipe de relaciones nada saludables 
  3. Ubicarse en un extremo: demasiado autoritario o dependiente
  4. Propens@ a padecer enfermedades físicas crónicas
  5. Presa de la ansiedad, la depresión, entre otros padecimientos 

¿Qué hacemos si reconocemos que fuimos parentalizad@s?

Las consecuencias de la parentalización en la vida adulta de la persona parentalizada en su niñez pueden requerir en muchos casos la ayuda de un/a profesional de la psicología para superarlo.

También es recomendable encontrar y propiciar espacios y situaciones donde pueda volver a ser un niño o una niña (jugando, riendo, bailando…).

Además, para sanar a ese/a niñ@ interior es importante aprender a mantener a los miembros de su familia que propiciaron la parentalización (conscientemente o no) a distancia.