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La responsabilidad afectiva es una forma de actuar en nuestras relaciones con las demás personas, y suele asociarse a los vínculos sexo-afectivos.

Consiste en hacernos cargo de nuestros sentimientos por la otra persona y transmitirle con claridad nuestras emociones hacia ella y lo que deseamos de la relación que mantenemos, sea lo que sea que queramos y sintamos.

Considerar la responsabilidad afectiva en una relación, implica establecer desde un principio que es lo que busco con ella, y generar acuerdos conscientes con la otra parte del vínculo. El objetivo es que ambas partes sean capaces de elegir si lo quieren, si prefieren reformular “los términos” o no elegir ese tipo de vínculo desde el comienzo.

Ser responsables afectivamente implica en primer lugar honestidad sobre lo que deseamos. Implica también entender la libertad de elección de la otra persona, quien teniendo toda la información sobre lo que deseamos y sentimos por ella, puede elegir si quiere quedarse en ese vínculo o no.

¿Cómo podemos empezar a ser responsables afectivamente?

Aquí tienes 6 pasos infalibles para comenzar:

1. Expresar de manera clara qué queremos, esperamos y necesitamos de la relación, qué nos hace bien, qué nos hace mal, cuáles son los límites sanos y qué puede suceder si la otra persona los sobrepasa.

2. No darle el poder a la otra persona de la gestión de las emociones que nos son propias. Es decir, si bien entendemos que nuestras emociones influyen en la otra persona y viceversa, buscaremos no cargar a la otra persona con nuestras emociones. 

Ejemplos:

Generalmente me pongo muy celos@ cuando prefieres hacer planes con tus amig@s. la verdad me gustaría que dejes de salir tanto con ell@s porque me hace mal.

Aquí hago cargo a la otra persona de la gestión de mis emociones.

Generalmente siento celos@ cuando prefieres salir con tus amig@s en vez de hacer planes conmigo. Tendré que trabajar porqué me hace tan mal.

Aquí me hago cargo yo de mis emociones.

3. Comunicar los cambios de opinión. Tenemos todo el derecho de cambiar de opinión en relación a lo que queremos, sentimos y pensamos sobre la relación en la que estamos. Pero también tenemos una responsabilidad: comunicarlo a la otra persona para que ella pueda tomar sus propias decisiones sabiendo cuál es nuestra nueva opinión.

4. Actuar con empatía al expresar lo que sentimos. La comunicación de lo que nos sucede y lo que quieremos puede ser de distintas maneras: Fríamente y sin tacto, dañando a la otra persona; o empática, comunicando de manera asertiva y sin crueldad.

Actuar con empatía

5. Cuidar de la otra persona, también cuidándonos a nosotros/as mism@s. Para cada persona el cuidado se verá diferente. Para aprender a cuidar a la otra persona, y que ella sepa cuidarnos como necesitamos es fundamental hablar, comunicar. 

Expresar de qué manera queremos ser cuidados al mismo tiempo que escuchamos cómo desea ser cuidada la otra persona, provocando un equilibrio de cuidados.

6. Establecer acuerdos sobre puntos importantes para cada un@, como un contrato implícito. Para esto es necesario compartir cosas como: ¿Qué cosas son muy importantes para mi? ¿Y para la otra persona? ¿Podemos llegar a un acuerdo o hay puntos irreconciliables? ¿Qué es la fidelidad para mi y para la otra persona? ¿Cuáles son mis proyectos de vida? ¿Chocan con los suyos o son complementarios?

En resumen, la responsabilidad afectiva se trata de hacer acuerdos libres y establecer límites. Y sobre todo de comunicación.

Si quieres profundizar más sobre este apasionante tema, puedes escuchar el episodio 33 de Psicología Al Desnudo, donde respondo además a preguntas como ¿Dónde está la línea que separa la responsabilidad de la irresponsabilidad? ¿De qué tenemos que hacernos cargo y de qué no?